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DEIC

Nuestro claustro

tiene

los pilares y valores dominicanos


Todos, en alguna o en muchas ocasiones, hemos visitado y valorado el ARTE de los claustros, ya sea de alguna catedral, de algún monasterio o convento.

Esa imagen cuadrada orientada al paso del sol, del tiempo, de los cuatro puntos cardinales de nuestra vida…

Además de valorar el ARTE que contienen, nos damos cuenta que, acogen la presencia del misterio, de lo divino. Encierran el misterio de la vida, de la propia vida, de la vida de cada uno.

También descubrimos que son lugares entrañables donde se desarrollaba  -se desarrolla en algunos de ellos- , toda la vida de una comunidad.

Son lugares de encuentro,

de silencio y oración.

Refugio de la mente y el corazón buscando sosiego y  paz

Toda la vida de comunidad se tejía alrededor de sus “arcos”.

Si cerramos los ojos (y sin cerrarlos), a todos nos viene a la mente algún claustro: sus muros, sus pilares, sus arcos, algunos de medio punto, sus imágenes grabadas en piedra en sus capiteles. Y, casi, casi respiramos el aire puro de su jardín, el frescor del pozo y, la música ritmada del agua al caer…

HOY, nuestro claustro se llama CONGREGACIÓN.

Orientada, como todo claustro, a los 4 puntos cardinales. (A los 4 valores dominicanos)

PAMPLONA

TARRAGONA BARCELONA VIC
verdad

silencio

fraternidad

comunidad

solidaridad

misión

interioridad

oración

Libro/Biblia


Balcón        mediterráneo

Lámpara


Torre campanario

en la galería (panda) norte encontramos PAMPLONA

Fuerte como un roble, con raíces profundas. Como su entorno, como su paisaje.

En las dependencias de esta galería encontramos MUJERES buscadoras de VERDAD.

Alimentaron su vida, y la alimentan, con el estudio de la Palabra de Dios, la escucharon en el SILENCIO de su corazón y, en cada momento, supieron dar respuesta a lo que ella les pedía.

Rompieron fronteras (rompieron claustros), fueron valientes y se lanzaron a lo desconocido, a otras tierras, a otros países, a otros paisajes para llevar el mensaje evangélico.

No tuvieron miedo e incluso se arriesgaron a formar una Congregación.

En la galería sur encontramos TARRAGONA.

(Con su bello balcón: El balcón del Mediterráneo)

Abierta al mar, reflejo de su inmensidad, acogedora, FRATERNAL.

Los romanos dejaron allí la impronta de su presencia.

En esta galería hay una COMUNIDAD regia, (imperial –diríamos-) luchadora, abierta a otras culturas.

Que sabe adaptarse en cada momento, en cada circunstancia, por su empeño en ser testigos del Evangelio.

Una comunidad que sabe leer los signos de los tiempos.

En las piedras de su historia está grabada la acogida a otros pueblos, otras civilizaciones.

Y, es mirando al mar, donde se unifica el cielo y la tierra. Ellas, esta comunidad, lo miran.

En la galería este encontramos BARCELONA.

También mira al mar o, diríamos, que el mar la mira y la sueña.

Nace el sol en el este, amanece, despierta a lo multicultural, distintos colores, distintos sonidos, distintos ritmos y miradas. Distintas gentes. Así es Barcelona.

Es un conglomerado armonioso de diversidad.

Es creativa.

La belleza de su arte es reflejo de un espíritu que ama lo bueno, lo bello, lo profundo.

Unas hermanas que a lo largo de su historia, expresan (en su arte), “en su saber hacer” la SOLIDARIDAD y armonía con todas las gentes que acoge, con  toda la creación, porque es esa su MISIÓN (a través de los valores evangélicos)

Una comunidad que intenta ser FARO Y LUZ  en el inmenso mar que abarca.

Una comunidad de hermanas que, ha llegado a grabar en los capiteles de su historia, hasta con sangre,  el mensaje evangélico: “si el grano de trigo no muere…

En la galería oeste encontramos VIC

Ciudad de “santos”, le llaman.

Personas que saben correr el velo de la “boira” (niebla de la vida) para mirar al cielo.

Y al igual que sus productos que “se curan”, “se maduran” con esta “boira”. Así su FE: es una fe sólida, firme y madura (porque es una fe “curada”)

En el oeste, el sol se pone, se acaba el día.

El ritmo de la vida  también se para.

Hermanas que han sabido, y que saben, estar a la escucha de Dios.

Que viven “atentas” a su llamada (que suena en “su campanario”  interior) porque, desde una VIDA INTERIOR se distinguen sonidos, llamadas, se escuchan melodías, se ama.

El sol se pone, y a la caída del sol, hay una llamada a la ORACIÓN.

La oración que cada día hacen las hermanas.

Y, ahí, a orar, estamos todos, ahora y siempre, invitados.

Era en tiempos del Vaticano II. En la Iglesia se respiraba el aire fresco de una primavera llena de esperanzas. En nuestra Congregación, también se percibía vitalidad. Todo sabía a promesa y a juventud. Todo rezumaba vida.

¿Cuántos sueños encerraba aquel viejo caserón de Jarauta!

En otros lugares de la geografía española también soñaban, también sentían bullir una savia nueva… También intuían caminos nuevos en los que la unión daría fuerza y vida.

¿Por qué no aunar en un tronco común  Todas las savias que de alguna manera tenían un mismo sabor?

Corría el año 1961. Las hermanas de Barcelona y Vallirana, las de  Vic y Calaf y las de Tarragona se unen en un abrazo común a Jarauta.

Queremos,  en este año 2011, recordar, de un modo especial,  a algunas hermanas, mujeres de un talante singular, emprendedoras, con una visión de futuro y una mirada aguda y certera de la realidad social que les tocó afrontar. Simplemente deseamos expresarles nuestro agradecimiento al revivir algunos rasgos que las caracterizaron e hicieron posible la celebración de este abrazo.

Sin ánimo de establecer prioridad alguna, nos limitamos a contar las impresiones que han quedado grabadas en personas que compartieron la vida con ellas y en las que dejaron  una huella profunda .

MADRE  M!ª ROSA LAYANA ORTIZ

Semblanza humana y espiritual.

M. M.” Rosa fue dotada por Dios de muchos valores humanos y religiosos: abierta, sencilla, acogedora, fraterna, amante de la Orden, enamorada de la Virgen y del Espíritu Santo. Su sonrisa era franca y tenía un especial gracejo para amenizar los recreos, contar historietas para entretener a las internas en sus años de encargada del colegio interno.

Ella fue una de las pioneras en la constitución de la Congregación. Era, entonces, Superiora de la casa de Jarauta y contó, es cierto, con la ayuda y ejemplo de las hermanas que convivieron con ella y con las aportaciones de las hermanas de las dos casas filiales. pero, no es menos cierto, que Dios se valió de ella para marcar nuevos rumbos a la casa, tantas veces secular, de Pamplona.

En sus dieciocho años de superiora general muchas cosas hizo que han quedado recogidas muy sucintamente, en estas líneas. Dieciocho años de entrega sin límites y de sufrimientos callados. Pasó por dificultades económicas, sinsabores, pero no afloró en ella el desaliento.

La enseñanza, aIIá por los años cincuenta y tantos, reclamaba edificios más acomodados. Titulaciones. No importaba que los muros antiguos se derrumbaran. No importaba abrir nuevos cauces para que las hermanas fueran a las universidades y desempeñaran mejor su labor docente… si el espíritu contemplativo, tan arraigado y profundo en la casa seguía vivo. No importaba que las hermanas fueran a otros continentes, llevadas por el espíritu misionero, universal… si allí en Ecuador, en Rwanda esperaban otros hermanos. No importaba que la reciente Congregación se viera aumentada -a los siete años de su constitución- con cinco casa en Cataluña, si era el espíritu de Jesús … el amor a María y el carisma de Domingo quienes la impulsaban.

El grano de trigo sepultado en tierra -durante tantas generaciones- murió y dio su fruto. Y en este amanecer floreciente de la Congregación M. M.” Rosa Layana fue el instrumento de Dios.

También su vida se enterró en el surco. El 9 de mayo de 1983 murió y descansó en la paz del Señor en Granada, lejos de su casa. Pero a ella volvió para celebrar con todas sus hermanas el paso a otra vida: la vida que no pasa nunca.

El día de su gran fiesta todos se dieron cita en Pamplona para acompañarla: hermanas de todas las casas de la Congregación, padres Dominicos de las provincias de España y Aragón, dominicas y religiosas de otras Congregaciones, familiares, exalumnas, amigos. A todos nos convocaba una mujer valiente, sencilla, afable, entregada. Una mujer que supo decir SI al Señor hasta la muerte. Esa mujer se llamó Mª Rosa Layana Ortiz.

MADRE EUGENIA RIERA

Conocí a Madre Eugenia el año 1958 cuando ingresé en el Colegio Virgen del Rosario de Vallirana a fin de cursar mis estudios. Ella nos visitaba desde el colegio de la Calle Mallorca para hacernos un pequeño examen oral a las alumnas de Ingreso de Bachillerato.

El miedo y nerviosismo que nos producía esta circunstancia era bastante unánime, (al menos, a mí me lo parecía si no me engaña la memoria de niña de diez años) y, los comentarios de las otras chicas que ya la conocían de otros cursos, eran de mucho respeto hacia la autoridad que representaba Madre Eugenia: “ES LA MADRE PRIORA DE BARCELONA” Correría el año 1965 cuando terminé mis estudios de Secretariado y me ofrecieron, tanto ella, como otras hermanas, trabajar en el Colegio. Acepté encantada y fue entonces cuando  empezó nuestra relación. No de alumna-maestra, como había sido hasta entonces, sino de persona a persona, (siempre continuó llamándome por el apellido como si aún fuera su alumna).

Durante años, compartí con ella la enseñanza a las alumnas que se decantaban para estudiar  Secretariado, (entonces era bastante frecuente) y dar al mismo tiempo una educación basada en el carisma de las Dominicas de la Enseñanza de la Inmaculada Concepción, a fin de dejar una huella de verdaderos valores en todas ellas.

Su sonrisa siempre amable, su voz y sus palabras no eran nunca unas más altas que otras y cuando mandaba hacer algo, lo hacía con una autoridad tan suave, tan educada que no parecía que fuera una orden. ¡Ya hoy quisieran muchos de nuestros docentes tener el don de mando que ella poseía!

Su hermana Carmelita le tenía una especie de adoración y siempre que podía me hablaba de ella. Me contaba cosas de cuando eran pequeñas, de su familia, de sus aptitudes artísticas, de su exquisita educación y, sobre todo, de la gran ilusión que le llevó a la construcción del Colegio de Vallirana, como homenaje y recuerdo a las dos religiosas del Colegio de la calle Mallorca, (Hna Rosa y Hna Carmen) asesinadas durante la Guerra Civil en las montañas del Ordal; de las muchas gestiones, dedicación y trabajo que tuvo que realizar durante algunos años hasta conseguir su gran sueño: un hermosísimo y prestigioso colegio para la educación de “chicas” en aquellos difíciles años 50.

Recuerdo con gran precisión el intenso trabajo que realizó para conmemorar el 25 aniversario de la fundación. Se volcó en cuerpo y alma para que la fiesta, fuera todo un éxito. Trabajó horas y horas junto con profesoras y alumnas en un gran festival que supongo que todos los que participamos, no olvidaremos nunca.

Ya, en los últimos años de su vida, las dos (ella y yo) mecanografiamos y ordenamos todos los recuerdos, vivencias y documentos de aquellos años, así como las gestiones que tuvo que hacer para encontrar los restos de las dos religiosas, en el cementerio de Vallirana, y posteriormente, la construcción del colegio.

Su gran personalidad, su bondad, su exquisita educación, su capacidad para el trabajo y su gran vocación como religiosa me dejó una profunda huella y supongo que a todos los que la conocimos también. Aún hoy, en muchos de mis sueños, la veo tan real, con su hábito blanco y su sonrisa, que al despertarme, durante unos segundos, pienso si realmente ha sido un sueño o he estado trabajando a su lado.

Herminia Mir

Exalumna, exprofesora y exsecretaria del Colegio “Virgen del Rosario” de Vallirana.

HERMANA ROSER VILA

La hermana Roser era una mujer de temperamento afable y a la vez muy firme.

Era muy activa y amaba mucho a la comunidad y el colegio lo llevaba muy dentro. ¿Qué no haría por las niñas? ¡Cómo cuidaba las fiestas y los momentos de espiritualidad!

Era muy acogedora con las familias; todas encontraban en ella una persona que amaba y se hacía amar.

Mostraba mucho interés y preocupación por las hermanas. Cuando en aquellos tiempos veía que no entraban nuevas vocaciones y que la comunidad se iba haciendo mayor, ella iba pensando, buscando, dialogando… Ante las dificultades no se echaba atrás. Con su intuición y visión  comenzó a dibujar lo que sería el futuro de aquel beaterio de Vic, en unos momentos en que desde allí había también mucho para ofrecer.

Cuidaba mucho la relación con los hermanos dominicos y con las hermanas de Barcelona y Tarragona, así como con las de Gerona. Ante las diferentes opciones posibles en aquel tiempo, la más aconsejable, dadas  sus cualidades e inquietudes, era conocer las hermanas del Beaterio de Pamplona, unas hermanas que hacía poco se habían constituido en Congregación.

Valiente y decidida marchó allí, junto con otras hermanas, y recibieron, en todo momento, muy buena acogida.

Seguramente por eso y porque era muy emprendedora decidieron dar el paso a la unión de beaterios, convencidas y generosas porque  había un futuro para  la vida y misión de aquella comunidad que había sabido abrir horizontes y agradecía, una vez más, al Señor que había sido  su fuerza, había estado grande con ellas y estaban alegres.

MADRE CORAZÓN NIETO

Muchas fueron las vicisitudes por las que nuestra M. Corazón . tuvo que pasar. A pesar de todo, fue una mujer alegre y emprendedora. Alegraba los recreos de la comunidad tocando algunas piezas de piano, pues era una auténtica artista. Su preferencia, por lo que recuerdo, eran las obras de músicos clásicos. También Sardanas y cantos a la Virgen de Montserrat resonaban  y daban un ambiente especial  en el convento.

La emoción ante el piano era tal que sus melodías se podían escuchar desde la calle.

Como profesora de música la conocía y admiraba mucha gente y dejó un grato recuerdo en sus alumnos.

Tenía muy buen carácter, no recuerdo haberla visto enfada danunca, pero sí preocupada por algunos asuntos y en concreto cuando se tramitaba la UNIÓN DE LOS BEATERIOS y más tarde la UNIÓN CON LA CONGREGACIÓN DE DOMINICAS DE LA ENSEÑANZA, ya que, por esta causa, tres hermanas decidieron pasar a las monjas Dominicas de clausura.

Era una mujer fuerte, valiente y, a la vez, sencilla y humilde. Cuando tenía algún proyecto y carecía de medios económicos para llevarlo a cabo, era ingeniosa a la hora de buscar recursos y medios adecuados para realizarlos.

Como hija de militar le caracterizaba su fortaleza y entereza para afrontar, sin arredrarse, las dificultades que, a menudo, vivía la comunidad.

Hoy, cincuenta años después celebramos aquel abrazo.

Hoy en el árbol, por las hojas, por las ramas, por el tronco, corre una única savia.

Nuestro árbol se llama DOMINICAS de la ENSEÑANZA de la INMACULADA CONCEPCIÓN. Y sigue soñando…

proyectando… y mirando al futuro con la esperanza puesta en Dios y atenta a las necesidades de la Humanidad.

Ahora hace cincuenta años, un abrazo nos marcó el camino a seguir.

Celebramos un abrazo.

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